Esta mañana a ciegas
tanteo la costumbre de estar viva.
Voy cerrando de a ratos
el círculo de fuego;
ahora veo cenizas
con pocas brasas sueltas.
Y sucedo en los días
desde mi cautiverio.
Como árbol extraviado
busco al pájaro cierto de otros años
para inventar reclamos
de plumas y gorjeos.
Está la jaula abierta
pero el aire se cierne
en horas imprecisas.
Soy la que soy;
ayer rama florida;
hoy lisonja incompleta
del tiempo y los recuerdos.
Se va talando el bosque
sobre mi cabellera;
después seré raíces opacas en la tierra,
y alguien
desde otro espejo,
seguirá la costumbre
de indagar en los muebles
las huellas esculpidas de todos mis secretos.
© Teresa Palazzo Conti
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